viernes, 5 de julio de 2019

Recordando a un gran amigo

Algunos años atrás la vida puso en mi camino a un amigo, compañero, mentor y ejemplo (no siempre de lo bueno) a quien debo inconmensurables enseñanzas y recuerdos que atesoro.

Recientemente revisando discos flexibles (si, esos que son el icono de guardar) encontré algunos escritos del él que sacaron un par de lágrimas y muchas sonrisas.  Hoy quiero compartir con el cyber mundo uno de ellos:



P E N A     C A P I T A L

TRAMA

Leonardo estaba cansado, el juicio que los Primogenios llevan  contra él ha tardado más de lo normal, ya que los delitos de que  se le  acusan no eran nuevos y casi a diario en Génesis, su mundo natal, un "Trascendente"  era condenado a la pena capital por entrar secretamente en la biblioteca de cristal en busca de conocimiento, mas, él había tocado los Prismas del Saber Supremo, cosa que nadie se había atrevido a hacer, más por miedo a la maldición que por temor a las represalias.

Lentamente brumosos recuerdos de su pasado corren hacia él, como el día que conoció su destino al encontrar un Prisma del que la información había sido desechada, su contacto le transportó a una  dimensión jamás soñada llena de enigmas y ecuaciones que solo el «Arcano» sabia, por esta razón era totalmente inútil para los «Ababoles» que sólo permitían el acercamiento a los Prismas Etéreos cuya información todos tanto conocían desde su infancia.

Las leyendas también contaban que en un tiempo mucho más lejano que el mayor de los «Yiones», El Arcano tenía abierta su biblioteca de cristal para todos aquellos que quisieran aprender de ella, pero un grupo de Trascendentes se apoderó del Prisma multibiótico y creó un mundo nuevo desafiando el poder del Arcano y sus advertencias de no jugar con el saber.  Por este motivo los Trascendentes fueron obligados a vivir en ese planeta lejos de cualquier comprensión de forma y espacio.

Los Primogenios se habían levantado cuando él regresó a la realidad, pensaban elaborar el segundo bloque de preguntas con las cuales darían su veredicto final del cual solo había dos  posibilidades: si el conocimiento adquirido no era lo suficientemente importante para revelar a los Ababoles secretos prohibidos del Arcano, se le permitiría vivir apartado de la comunidad en un cristal polidimensional, pero si el conocimiento que poseía era peligroso, solamente quedaba la pena capital, y como lo veía Leonardo este era el más probable.

Los Primigenios entraron nuevamente en el salón Áureo y comenzaron con preguntas tales como: ¿qué le había impulsado a entrar secretamente en la cámara prismática?, ¿qué prismas había tocado?, ¿qué había visto?, ¿qué haría si se le dejase en libertad?, etc. Leonardo contestó cada una de las preguntas sin la mayor preocupación y con toda la verdad, ya que en Génesis no se conocía la mentira, pero una pregunta le había dejado pensativo: ¿volvería usted a la biblioteca a tocar nuevamente los Prismas?  Rápidamente por su cabeza corrieron las horas pasadas, cuando fue descubierto en la sala prohibida, su persecución, su prendimiento y la colocación de la sonda del pensamiento, con la cual los  viejos Primogenios podían visualizar todo lo que hubiera en su mente.  Rápidamente pensó que si, que volvería a la biblioteca, que si pudiese tomaría todos y cada uno de los Prismas, que quería poseer todo el saber del Arcano, eso y mucho más, y de sus labios broto una sola palabra: «NO».

Todo estaba dicho, los Primogenios reconocieron en su respuesta la mentira, esa que sólo puede brindar un gran saber, un saber  que siempre puede construir o destruir. El más viejo de ellos elevo una plegaria y dictó sentencia:  «EN NOMBRE DE EL PUEBLO DE GÉNESIS, LOS ABABOLES Y NOSOTROS LOS PRIMOGENIOS EN REPRESENTACIÓN DEL AUSENTE ARCANO TE CONDENAMOS LEONARDO A LA PENA DE MUERTE, SENTENCIA QUE SERÁ EJECUTADA DE INMEDIATO».

Leonardo se levantó de su asiento, y él mismo se dirigió al cilindro de cuarzo, se desnudó y extendió los brazos, al sentir los rayos que harían cumplir su condena, sintió que viajaba a gran velocidad hacia la luz hasta que logró tocarla.  Unas manos gigantescas lo tomaron cariñosamente y lloró.


VINCI, TOSCANA 1.452

Señor Piero, dijo la voz de una mujer, es un varón, un gordo y sano varón.  Piero presuroso se acercó y vió a su esposa en la cama, a su lado un había un hermoso niño que lloraba, lo tomo en sus brazos y le dijo: «Tu nombre será Leonardo, Leonardo De Vinci».

Ojala algún día lo leas y sepas que algunos aún te extrañamos R.

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